Hasta hace pocas décadas la mayoría de la gente encontraba una pareja estable entre la adolescencia y la veintena y empezaba a tener hijos poco después. Tenerlos antes de esto estaba mal visto porque la relación no había sido oficializada o se era demasiado joven, y seguir soltero pasada la treintena se consideraba raro. Se utilizaban calificativos y expresiones más o menos peyorativas como solterón/a, “pasarse el arroz” o “quedarse para vestir santos”. Sin embargo hoy en día en los países más desarrollados hemos cambiado radicalmente la visión al respecto y la natalidad se reduce año a año. La edad media de madres primerizas es cada vez más avanzada, el total de hijos por pareja disminuye y un número creciente de personas emparejadas decide no tener hijos.

Factores que han frenado la reproducción humana en nuestra sociedad

  • El desarrollo artificial de los métodos anticonceptivos, cada vez más variados y eficaces, que han logrado desconectar completamente el sexo de la reproducción.
  • El retraso en la incorporación al mundo laboral: Mucha más gente accede a la universidad y realiza postgrados antes de empezar a ser productiva y alcanzar la independencia económica. Además, el alto porcentaje de paro juvenil prolonga la dependencia de los padres durante muchos más años. Como consecuencia, se retrasa el nacimiento del primer hijo y no se repite la experiencia tantas veces como antaño.
  • Los hijos ya no se ven como un bien valioso para la familia, sino como un gasto económico, psicológico y físico. Ahora hay una oferta mucho más grande de bienes y servicios en los que gastar nuestro dinero, tiempo y energía.
  • Los avances artificiales en técnicas abortivas y leyes que convierten la práctica del aborto en una opción generalizada.
  • La incorporación de la mujer al mundo laboral: En general, la mujer no trabajaba para poder cuidar a los hijos. Hoy en día, a las parejas les resulta difícil conciliar dos carreras profesionales de envergadura con la formación de una familia y las mujeres se encuentran con el dilema de avanzar en su carrera o interrumpirla para ser madres. Si bien la crianza puede compartirse o recaer en el padre, el embarazo, la lactancia y la recuperación postparto son, por el momento, únicamente fenómenos femeninos. Actualmente se consideran condiciones carentes de valor que merman a la mujer como individuo y obligan a hacer un parón en su carrera. Por ello, la edad media de madres primerizas no para de aumentar.
  • La propagación del individualismo y del concepto de la realización personal. Hay una tendencia creciente a querer dedicar muchos años de vida a disfrutar de experiencias y de bienes antes de comprometerse a nada y de decidir sobre la propia descendencia. También el individuo actual necesita cada vez más tiempo para conocerse a sí mismo y encontrar la armonía en el desequilibrio que le rodea.
  • Lo anterior también hace que le tengamos miedo al compromiso y las relaciones sentimentales se banalicen. Además, el número de posibles pretendientes ha aumentado radicalmente con la globalización y se crean expectativas irreales que dificultan la formación de la pareja estable, con lo cual la paradoja de la elección hace que mucha gente se pasa toda la vida intentando encontrar a la persona ideal sin éxito.

El resultado es que algunas personas que deciden ser padres ahora están psicológica y económicamente más preparadas para formar una familia (pequeña, mayoritariamente con 1 o 2 hijos) pero también hay un sector creciente de la población que dice no a la paternidad. Otros quieren ser padres y no pueden porque han esperado demasiado tiempo sin darse cuenta. Tenemos el control casi absoluto para decidir, y nunca es el momento adecuado.

Hago un pequeño inciso para mostrar la intro de la película Idiocracia, que caricaturiza la postura y describe un futuro hipotético muy cómico en el que hemos involucionado porque los más aptos han dejado de reproducirse:

Madurez biológica vs psicológica

Veamos el origen de este desajuste: El reloj biológico sigue siendo el mismo que hace décadas. Pero la madurez psicológica se ha retrasado. La adolescencia se ha extendido hasta la veintena y el periodo de la juventud se considera desperdiciado si hay compromisos y responsabilidades.

No hay una edad concreta ni un ritual determinado que marquen cuándo es el momento más adecuado para estos acontecimientos. Hay una libertad absoluta para decidir cuándo es el momento, lo cual puede parecer interesante, pero la falta de presión social hace que no nos veamos nunca decididos a hacer nada.

Sumado al retardo de la emancipación y solidez económica, convertirse accidentalmente en padre antes de los treinta y tantos años se percibe como una desgracia que impide alcanzar la realización personal.

Pero…¿Hasta qué edad se puede tener hijos? Depende mucho de cada mujer, pero en general la fertilidad comienza a disminuir a los 30 años. A partir de los 35, la fertilidad cae en picado, y las posibilidades de embarazo son cada vez más reducidas. Además, los embarazos para madres primerizas son de mayor riesgo y hay una mayor probabilidad de que el bebé nazca con problemas. No hay una edad perfecta para tener hijos, pero desde el punto de vista biológico, la mejor edad para ser madre sería entre los 20 y los 30 años. Sin embargo, en el plano psicológico sería a partir de los 35 años. Este desfase es el que nos ocasiona tantos problemas de fertilidad en la actualidad, ya que no respetamos el curso natural de nuestro cuerpo. España encabeza la lista de madres primerizas más mayores Europa, como indica el siguiente gráfico con datos de Eurostat:

edad media primer hijo españa

La artificialidad en la reproducción humana

Este control excesivo hace que posterguemos lo impostergable, y que cuando de verdad queramos ser padres ya no podamos. Intentamos alargar nuestra experiencia vital tanto que no nos vale con vivir unos años más de vejez.

Queremos vivir más años de adolescencia y de juventud y utilizar todo tipo de inventos artificiales para, primero, impedir la concepción durante años (métodos anticonceptivos, abortos…), y reaviviar esta capacidad cuando ya está muriendo (inseminación artificial, fecundación in vitro, congelación y vitrificación de óvulos, congelación de esperma, vientres de alquiler), de modo que minimizamos y desplazamos la natalidad en el tiempo porque no se considera algo central en la vida. Y es que el valor de la familia está desapareciendo para dejar paso al culto al individuo.

No estoy aquí para moralizar, sino para que reflexionemos por qué desarrollamos tanto artificio y somos tan dependientes de prescripciones químicas, productos, ciencia e intervenciones artificiales para controlar algo que es tan central en el ser humano.

Pienso que no es la vida la que tiene que adaptarse a nosotros, sino nosotros a la vida. Hasta que no entendamos esto correremos peligro de perdernos en la obsesión, en mi opinión enfermiza, por controlar y postergar nuestro presente y futuro para adaptarnos a este frenético mundo tecnologizado que complica algo tan básico para el ser humano como la formación de una familia.

Selección natural y reproducción

Siempre ha habido y siempre habrá una minoría de la población que, por razones diversas, no quiera o no pueda tener hijos. Obviamente no me estoy refiriendo a ellos. Cada uno es libre de hacer lo que quiera y una persona no está incompleta por no ser madre o padre. La selección natural se encarga de que ciertas personas se reproduzcan mucho y otras no transmitan sus genes, sino que adopten otros roles útiles en la sociedad que les permitan sentirse realizados.

Podríamos también barajar la posibilidad de que la selección natural está realmente actuando al percibir la hostilidad de la artificialidad en la que vivimos, suprimiendo o reduciendo el deseo de paternidad porque el entorno no es óptimo para la procreación.

Quizá por eso los países más desarrollados cada vez se reproducen menos: Japón, Corea del Sur y Singapur están entre los países con la natalidad más baja del mundo, con unos 8 nacimientos por cada 1.000 habitantes, mientras que Niger, Mali y Uganda están a la cabeza, con unos 45 nacimientos por cada 1.000 habitantes. La mayoría de países europeos apenas superan la tasa de natalidad de Japón (En España, Italia, Alemania, Grecia, Eslovaquia, Polonia… no llegamos a 10 nacimientos por cada 1000 habitantes). Ensimismados en esta dinámica que hemos adoptado, nos estaríamos encargando de autodestruirnos ahogándonos en la artificialidad de nuestro mundo progre. Es un suicidio consensuado reivindicado como derecho. Por otro lado, no sería tan eficaz si no lo viéramos de ese modo.

 

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2 Comentarios

  1. Mis hijos son lo mejor que me ha pasado en mi vida. El primero lo tuve con 25 (ahora tengo 36) y no fue planificado. Pensé incluso abortar fíjate, del miedo que me daba tener un hijo tan “joven”. Tanto a nivel personal como profesional cambió mi vida, pero fue tanto lo que me aportó el hecho de ser mamá que me compensa con creces. Todo es cuestión de perspectiva. Ahora parece que nos enseñan que tener una buena carrera profesional es lo primero, pero qué quieres que te diga… un trabajo es un trabajo, y es un coñazo por muy interesante que sea al principio. No veo que hubiera estado mucho mejor si no hubiera tenido a mi hijo y hubiera seguido en la empresa, al contrario.

    No sabes lo que es ser padre/madre hasta que lo eres, y yo porque tuve un descuido, pero si hubiera controlado todo más quizá nunca hubiera sido madre y tendría una imagen negativa como la tenía antes. Creo que los anticonceptivos son un error, ya casi no puede haber sorpresas a las que adaptarse gratamente.
    Entre la gente de mi quinta yo he sido la primera y la única, mis amigas lo ven como una locura y viven como si tuvieran 15 años. Me da pena que no puedan vivir lo que vivo, pero oye cada uno tendrá sus prioridades.

    Evidentemente echo de menos muchas cosas que podía hacer antes de ser madre, pero no lo cambiaría! De hecho he ido a por el segundo 5 años después! 😉

  2. Tengo 34 años y siempre he querido ser madre pero nunca he visto llegar el momento oportuno, me veo demasiado joven de actitud. Pero sé que me tengo que dar prisa si quiero hijos y eso me angustia. A veces pienso que ojalá me quede embarazada por accidente y así apechugaré, porque a este paso nunca voy a decidirme. Mi pareja quiere hijos y me presiona, pero yo siempre le digo que esperemos un poco más..no sé hasta cuando, espero no arrepentirme

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