Comer es una de las necesidades más básicas del ser humano. No podemos evitar comer, aunque sí podemos elegir lo que comemos. Comer es placentero, y como todos los placeres, sirve para indicarnos una necesidad que debe ser satisfecha, para guiar nuestra conducta de tal forma que actuemos como se supone que es beneficioso para nosotros.

¿Por qué nos gusta tanto el sabor dulce?

Aunque no todos tenemos exactamente los mismos gustos, rechazamos fuertemente comer productos con olor a podrido, sabor a rancio o aspecto mohoso, porque estas características indican que esos productos pueden hacernos daño. De la misma manera, nos sentimos atraídos por sabores y olores dulces, entre otros. Al comer alimentos dulces, su componente azucarado estimula nuestro cerebro y genera grandes cantidades de dopamina, la hormona del placer.

El sabor dulce se encuentra en la naturaleza sobre todo en las frutas maduras, las cuales son ricas en vitaminas y en energía de rápida absorción en forma de azúcares. Hemos desarrollado deseo y fuerte sentimiento de placer por el sabor dulce para poder aprovechar este gran aporte nutricional en las raras ocasiones en las que se encuentra en la naturaleza.

Estímulos supernormales en la comida

Con el avance de la tecnología, hemos ideado formas de acelerar, facilitar y sistematizar la producción de comida. La extracción y el refinamiento de los productos alimenticios, en este caso del azúcar, comenzó a cambiar el consumo. Hoy en día fabricamos todo tipo de alimentos supernormalmente dulces utilizando como ingrediente este componente en su versión más pura, y nuestro gusto natural por los productos dulces hace que prefiramos estos alimentos artificiales antes que la fruta madura, aunque carezcan de las cualidades nutricionales de esta última.

Alguien puede decir que la extracción del azúcar no es una práctica moderna; es cierto, pero nunca antes habíamos fabricado tantos productos alimenticios con azúcar añadido. Si estás pensando en la bollería industrial, ten en cuenta que es solo una pequeña parte de productos que fabricamos con azúcar. Estamos invadidos por productos con azúcar añadido. Ve a la cocina y mira los ingredientes de casi cualquier producto procesado: zumos “naturales 100%”, cereales, yogures, refrescos; productos en teoría salados como pan de molde, pizzas, salsas de tomate, ketchups, patatas fritas…

Mira esta representación del contenido de azúcar refinado añadido de productos que consumimos diariamente:

productos con azucares añadidos

¿Por qué hoy en día es más fácil caer en el exceso?

Cuando se tiene una preferencia muy fuerte por algo que escasea no se corre el riesgo de comer demasiado de ese producto, puesto que es muy difícil de hallar y se encuentra diluido en pequeñas cantidades, provocando saciedad sin llegar a ingerir demasiado del componente atractivo. Algo parecido sucede también con la grasa y la sal, productos escasos en la naturaleza que había que aprovechar cuando se encontraban.

Sin embargo, la extracción, purificación y concentración irreal de componentes que practicamos hoy en día hace que creemos estímulos supernormales en la comida, es decir, productos que generan una respuesta aún más fuerte que los alimentos naturales por los cuales surgió esa preferencia. Dicho de otra manera, los mismos mecanismos que se desarrollaron para crear preferencia por un plátano con respecto a una cebolla, ahora hacen que podamos elegir un batido antes que un plátano.

A continuación vemos una representación con la cantidad de azúcar presente en un plátano y en un batido McFlurry del McDonalds. Vemos que el McFlurry contiene más de 4 veces el azúcar que encontramos en un plátano. (Y no es el mismo tipo de azúcar, el del batido está refinado como veremos más adelante).

azucar en fruta vs batido

Los productos dulces están más al alcance que nunca y su abuso resulta casi inevitable, aunque nuestro cuerpo no esté preparado para tales concentraciones de producto puro, al igual que ocurre con las drogas.

Por otra parte, la industria alimentaria necesita vender alimentos, y para vender bien hay que hacer un buen marketing y generar deseo. Ya no solo se vende lo que nos hace falta, más bien se vende lo que nuestros sentidos creen que nos hace falta. Hemos creado en torno a la nutrición toda una industria que se confunde con la necesidad y que es más rentable que el consumo de alimentos simples y naturales. Se experimenta con modificaciones de sabores, olores, texturas, y apariencias para dar con la tecla de algo que resulte mucho más apetitivo que los productos originales para los cuales evolucionaron nuestras preferencias sensoriales, aun cuando la composición de esos productos no tenga nada que ver con las necesidades reales de nuestro cuerpo.

[tweetthis]”Ya no solo se vende lo que nos hace falta, más bien se vende lo que nuestros sentidos creen que nos hace falta”[/tweetthis]

Azúcar refinado vs. sin refinar

Para acabar, quiero compartir un pequeño dato que mucha gente no conoce: el azúcar blanco está refinado, y en el proceso de refinamiento se eliminan casi todos sus valores nutricionales, por lo que solo contiene calorías vacías. Su ingesta desencadena una deficiencia de ciertas vitaminas y minerales y crea la necesidad de compensar esa carencia consumiendo otros alimentos que las posean, por lo que el consumo final de calorías es mayor.

El azúcar de caña sin refinar (llamado también azúcar integral) sí que conserva vitaminas y minerales, por lo que resulta menos dañino para el organismo. Pero ojo, porque la industria alimentaria nos pone otra trampa: este último azúcar puede confundirse con el llamado “azúcar moreno”, que tiene aspecto similar pero no es más que azúcar refinado al que se le ha añadido extracto de melaza para que pensemos que es más saludable.

Para encontrar el verdadero azúcar integral, no busques “azúcar” sino “panela“. Es el azúcar más puro que se puede encontrar, resultante de la evaporación del zumo extraído de la caña de azúcar. Al no haber recibido ningún proceso de refinado, centrifugado, sulfatado ni blanqueamiento, la panela conserva todas las vitaminas y minerales presentes en la caña de azúcar que han perdido los azúcares blancos o los falsos azúcares integrales. Aparte de sacarosa contiene glucosa, fructosa, proteínas, minerales (como calcio, hierro, cobre y fósforo) y vitaminas como el ácido ascórbico y complejo B. Tiene un sabor muy especial, muy diferente al de los azúcares refinados.

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2 Comentarios

  1. El azúcar envenena la dieta moderna, nada mejor que cultivar su propia comida y comprar productos 100% naturales y sin procesar

  2. Felicitaciones por tu blog! Echaba de menos encontrar un espacio auténtico como este en el que se difundan contenidos tan interesantes.
    Con respecto al azúcar, yo compraba el moreno” porque pensaba que era mejor y que no estaba refinado :S Pero me voy a poner a buscar la panela esa… aunque creo que lo mejor es reducir su consumo al máximo, no comprar productos con azúcar añadido (ni nada añadido en realidad) y ya está

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