La cirugía plástica existe desde hace cientos de años y surgió como una forma de reparar o reconstruir malformaciones y destrucciones resultantes de accidentes o traumas. Más recientemente, hemos asistido a un desarrollo meteórico de la rama de la cirugía estética, encargada de modificar partes del cuerpo con las que no estamos satisfechos.

Cánones de belleza que bombardean nuestra vida cotidiana

El ser humano valora las características de otros y se compara con ellos para determinar en qué punto de la escala se sitúa. En un ámbito en el que podemos compararnos con unas pocas personas reducidas a amigos, vecinos y familiares, tener un alta estima del aspecto físico no es tan difícil. Pero la invención del cine, la televisión, la proliferación de estrellas musicales y de modelos ha supuesto un antes y un después en la percepción de la belleza y la imagen personal. Los medios visuales han puesto a nuestro alcance un escaparate interminable de apariencias que impactan la manera en que percibimos los cánones de belleza y elevan el listón a un punto difícilmente alcanzable.

En un mundo cada vez más competitivo en el que hay que destacar, la solución más fácil es crear estímulos supernormales del aspecto físico. El maquillaje, la peluquería, la vestimenta y la manipulación digital son pequeñas formas de supernormalizar la apariencia, pero son solo una especie de disfraz reversible y limitado en el tiempo.

En cambio la cirugía estética permite supernormalizar los rasgos físicos permanentemente, lo cual resulta mucho más cómodo. Permite a la gente transformar su aspecto, convertirse en alguien diferente como si de verdad su esencia fuera así. Se llega al punto de exagerar tanto determinados rasgos que creamos estímulos supernormales, es decir, atributos que no existen en la realidad, pero provocan una respuesta mayor de los atributos normales que se modifican. Aquí dejo un vídeo interesante que caricaturiza el uso de este tipo de cirugía (abstenerse personas sensibles):

La competición por destacar no solo afecta a los que más bajo están en el ranking. Las personas que más alto se sitúan de manera natural también sucumben a supernormalizar sus rasgos, de tal forma que se estandarizan elementos que ni siquiera existen y se crean apariencias prácticamente imposibles en la naturaleza, lo cual eleva aún mas la escalada de la supernormalización. Mira por ejemplo la manía por afinar narices entre gran parte de famosas onmipresentes en los medios (quizá en algún caso sea cuestión de maquillaje o el ángulo desde el que se toma la foto, pero se ve claramente cual es la tendencia general):

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De posibilidad a necesidad

Inevitablemente los medios influencian a la masa y la oportunidad de cambiar el aspecto físico resulta muy tentadora. Hasta el punto en que la cirugía estética ya no es una posibilidad remota a la que unos pocos recurren, sino que se presenta como un servicio que los humanos necesitan para sentirse mejor. Conozco a personas que se operaron las orejas o el pecho en la adolescencia porque “tenían un complejo” y la intervención quirúrgica era la única solución posible en su cabeza. Incluso lo describen como una necesidad, no como una opción.

Mucha gente dice que no está en contra de la cirugía, que ellos quizás no lo harían pero les parece bien que exista este avance para hacer a las personas más felices consigo mismas, que cada uno es libre de hacer lo que quiera. Y yo digo que deberíamos ver que hay un grave problema en la sociedad si una persona no es capaz de ser feliz y vive un infierno de complejos por el simple hecho de tener las orejas más o menos despegadas de la cabeza, por tener la cara más o menos redonda, los labios más o menos finos o la nariz más o menos arqueada.

Olvidamos la función del malestar

Uno de los errores que cometemos es considerar la infelicidad como algo inservible y molesto que hay que erradicar de golpe, pero ese sentimiento tiene una función que hemos dejado de entender, o quizá la entendemos a nuestra manera y armándonos de las herramientas artificiales de nuestra era. No pretendo que todo el mundo olvide sus complejos y se resigne a aceptarse tal como es, sino que viva ese sufrimiento y encuentre una solución al mismo. El malestar existe para indicarnos que debemos hacer algo al respecto, pero algo que esté a nuestro alcance natural, claro está.

El malestar existe para indicarnos que debemos hacer algo al respecto, pero algo que esté a nuestro alcance natural - tuitear esta frase    

Tenemos la tendencia a anestesiar el dolor y el malestar, por ejemplo tomar una pastilla para el dolor de cabeza en vez de ver que el cuerpo nos está indicando que debemos descansar o dormir. La pastilla solo anestesia el dolor, pero el cuerpo sigue sufriendo por la falta de sueño. Si operamos determinados rasgos físicos, solo estamos acallando ese malestar, y los problemas de autoestima asomarán por otro lado.

Consecuencias en la evolución humana

La cirugía estética es, antes que nada, un autoengaño y una vía fácil para no hacer el esfuerzo de adaptarse a la realidad. Si no nos gusta algo de nuestro cuerpo, lo cambiamos directamente a la carta. Pero también es un engaño a la humanidad. Y es que la belleza es simplemente un indicador de la adaptabilidad al medio; cada persona se considera más o menos atractiva porque tiene una serie de características físicas que indican salud, fuerza, edad, feminidad o masculinidad, y ayudan en la selección natural para que mejoremos al ser humano a través de la descendencia diferencial.

Si una persona que tiene un rasgo considerado “feo”, en vez de aceptarlo y desarrollar otras habilidades que le hagan ascender en la escala del atractivo humano, cambia ese rasgo a golpe de bisturí, “hace trampas” en selección natural, pues su rasgo cambiado no lo lleva en los genes. Transmitirá a la descendencia ese rasgo “indeseable” colándolo a la sombra de los filtros naturales de la evolución y no se habrá esforzado en desarrollar nada propio que podría haberle dado una ventaja natural real en la evolución.

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